







No seré del mundo;
mis fuerzas, mi bienestar, mi vida toda
sacrificaré al servicio de mi Dios
en la persona de los pobrecitos enfermos,
de los desvalidos, de la niñez,
y si conviene procurarles los alivios corporales,
cuidaré de ellos como una madre cariñosa;
darles vida santa y moralidad
desarrollando sus facultades morales
enseñarles nuestra religión sacrosanta,
instruirlos, hacerlos buenos cristianos
y darle a Dios muchas almas,
esto haré yo hasta llegar al sacrificio.
Procuraré y practicaré las virtudes religiosas,
El silencio, la caridad para con mis hermanas,
El sacrificio, la puntualidad, la santa pobreza;
Seré casta como un ángel,
daré a Dios mi libertad todo mi ser.
Tú, Señor, me darás gracia para serte esposa fiel,
que te ame mucho
y te sirva en la persona de los enfermos, desvalidos.
Tú
en cambio, en su día, me dirás:
entra, porque estuve enfermo y me socorriste;
entra, porque tu lámpara siempre ardió”