Andaba Santa María
peregrina en la noche.
Y nadie le alumbraba en el camino.
Andaba Santa María que no veía ni entendía.
Y nadie tenía compasión de ella.
“¿Dónde está tu Dios”, le decían,
“cuando tu hijo andaba loco
y al final te lo han
llevado al madero?”
Pero ella no escuchaba aquellas voces,
ni las voces sonoras de sus amigas,
ni las quejas silenciosas de su corazón.
Creías y creías sin cesar,
siempre dispuesta a escuchar a Dios.
Nuestra Señora de la Escucha.
Rumiabas lo que Dios te hablaba en la vida,
sin paraguas ni refugios,
apoyada sin apoyos, solamente en tu fe.
Y caminabas, peregrina del infinito,
campo a través sin caminos,
en la noche de tu oscuridad misteriosa.
Oh peregrina de la oscuridad tenebrosa
que te dejaba sin aliento ni resuello,
caminando sin ventajas ni privilegios.
Creías y creías sin cesar,
caminabas y caminabas con firmeza,
compañera de nuestra fe vacilante,
segura en la inseguridad;
responsable en tu plena disposición,
hermana de comunidad como una más;
bendita entre todas las mujeres.
¡María!
PATXI LOIDI, "Mar adentro". Sal Terrae